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Simón de Cirene no fue
un personaje. Fue una persona real, de carne y
hueso, del que se sabe muy poco. El lenguaje escueto
del evangelista Lucas apenas le dedica un párrafo.
“Cuando lo llevaban (a Cristo), echaron
mano a un tal Simón de Cirene que venía
de su granja y le cargaron la cruz para que la
llevara detrás de Jesús”.
(Lc.23,26). Nada más. El hombre participó
en el vía crucis durante algunos minutos
y luego se sumergió para siempre en el
anonimato de la historia. |
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